Llanura y azafrán.
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jueves, 20 de febrero de 2014
Encrucijadas
Encrucijadas
Hace unos días visité Astorga y me introduje en Las Edades del Hombre.
Cosa insólita en mí: no miré el reloj en varias horas. Iba admirando y
valorando las tres encrucijadas que plantea la exposición: Encrucijada de
los dioses, Encrucijada de los caminos, Encrucijada del hombre.
Sin darme apenas cuenta, iba gozando de la contemplación de tanta belleza.
La Anunciación, de Pedro Berruguete no sólo me detuvo, me invitó a pasar
e introdujo hasta el fondo; entonces fui capaz de apreciar la transparencia
del jarrón de vidrio y la frescura de su flor, símbolo de la Virginidad de
Santa María, que en ese instante también era Madre, por el anuncio del
Arcángel San Gabriel.
Más encrucijadas en este bello cuadro, innovador en cuanto a tendencias
flamencas e italianas-por la formación del autor en aquellas tierras, lejanas
y nuestras-.
Encrucijadas en la Historia, en el arte, en el corazón de Pedro
Berruguete, y que quedan plasmadas para gozo del alma del hombre que busca y
encuentra lo perenne.
Recorrido mágico, sobrecogedor ante el Crucificado, de grandes maestros
en el arte y en la anatomía, en los sentimientos y en la fe que palpita y
cruje las entrañas.
Objetos de culto, desde Sagrarios-verdadera arquitectura en pequeño- a
copones, cálices, custodias... Todo ello reclamo para el creyente y grito
atronador: ¡bellezas para alojar a Dios! Sólo Él, Jesucristo, es la Belleza.
Recorrido majestuoso, respetuoso, antesala de lo divino que anhela el
hombre y lo transporta a través de la música a esferas puras y claras.
Hacia el final de la exposición nos situamos mirando al altar mayor,
genialidad poliédrica que contiene una catequesis espléndida, cuya maestra va
a ser María.
Dos pantallas laterales servirán de apoyo al contenido que ayuda a
esclarecer las escenas del retablo.
Como docente, me parece que hay que felicitar a los organizadores de la
exposición, y desde estas líneas invito a visitarla, pues las palabras quedan
cortas
ante tanta belleza, que en Astorga se ha dado cita.
Marisa Díaz-Pinés
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Contigo, el mundo sonreirá
Con ojos de mujer
Contigo, el mundo sonreirá
Contigo, el mundo sonreirá
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Hago eco a la carta a todos los
niños con motivo de la Jornada de la Infancia Misionera, que monseñor
Rouco Varela les ha dirigido el 28 de enero pasado. Agradezco una carta tan
bonita y tan cercana a los niños desde su comienzo, que alude a la fiesta de
los Reyes y les hace ver que el mejor regalo es el Niño Jesús.
Sigue
enumerando también, como regalo, el Jubileo, e inmediatamente los une al Santo
Padre porque los primeros en celebrar el Jubileo con el Papa fueron los
niños, y es entonces cuando Su Santidad dijo a los niños que tenían que ser misioneros
del tercer milenio.
El
cardenal arzobispo de Madrid va desglosando las palabras del Papa Juan Pablo
II, en aquel Jubileo especial de los niños en Roma, que les impulsa a la
amistad con Jesús y también a acercar a muchos a esa amistad. En definitiva,
les dice a los niños: Vosotros sois la esperanza de la Humanidad.
Estoy
rodeada de niños y he comprobado que esta carta ha echado una gran semilla en
sus corazones. Semilla de amor a Jesús, en primer lugar, y de amor a los
demás a base de desprenderse de sus pequeños caprichos para llevar la
alegría, que es Jesús mismo.
Gracias,
en nombre de los niños, al cardenal Antonio María Rouco Varela.
Marisa Díaz-Pinés
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QUESADA, MORALES Y J.R.J.
En este artículo hubo un error al publicarlo La Provincia: pusieron Méjico en lugar de Puerto Rico, el archivo de la sala Zenobia-Juan Ramón de la Universidad de Rio Piedras.
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