Hoy es la fiesta de la Virgen del Carmen, Tengo muchas amigas Carmen repartidas por el mundo. Hace años tuve una alumna que la llamaban Monte, yo la llamaba Carmen. Ya está en el Cielo y seguro que intercede por todos nosotros. Me encantaría ir a Tierra Santa y descubrir ese Monte Carmelo y la gruta donde estuvo el profeta Elias y después, en la Edad Media fue San Luis Rey de Francia a agradecer en peregrinación. Hay lugares en los que han pasado muchos santos y el mismo Jesucristo y la Virgen. Yo tuve una experiencia cuando estuve en el Líbano y un día bajamos a Tiro y Sidón y casi en frontera con Israel pasamos a una gruta donde había estado la Virgen con Jesús y los Apóstoles. Me impresionó tanto que tuve el convencimiento, al saborear las palabras del Avemaria:
Bendita Tú eres entre todas las mujeres... que la Virgen fue así, sencilla. Ahora, cuando lo rezo cada día me transporto con la mente a ese lugar, saliendo de la gruta, con una claridad deslumbrante y oliendo a tomillo y romero, con la sequedad del mes de julio y al fondo un camino que recorrería la Virgen tantas veces... Ella permanece siempre a nuestro lado, nos la dejó Jesús como Madre. El escapulario del Carmen es una señal cierta de su amor y cuidado por nosotros, al prometer que quien lo llevara impuesto y no se lo quitara, no le faltaría su ayuda en la hora de la muerte para llevarlo al Cielo. Yo lo tengo desde la Primera Comunión y no me lo he quitado excepto para hacerme alguna radiografía. Fue un regalo de mi madrina, la tía Mª Luisa, hermana pequeña de mi madre.
Gracias, Madre mía, Madre nuestra.